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Las Islas Baleares son uno de esos pequeños paraísos que conserva la Europa Occidental, uno de esos lugares con magia que han sabido atraer a gentes de todas las culturas conservando la suya propia. La historia las dibujó como un punto estratégicamente vital en el devenir de la vida en el Mediterráneo, y buena prueba de ello es el paso de cartagineses, romanos e islámicos, hasta que fueron reconquistadas para la Corona de Aragón.
Hoy en día, su situación privilegiada dejó ya de ser utilizada para guerrear. Más bien, los hippies que “conquistaron” la isla de Ibiza en los años setenta la aprovecharon para hacer el amor y no la guerra. “Illes Balears” son un ejemplo de convivencia entre hombres y con su abrupta naturaleza.
Se dice que millones de personas no se pueden equivocar, y desde luego no lo hacen quienes eligen las Baleares como destino turístico, uno de los más apreciados del continente en la segunda mitad del siglo XX. En los albores del XXI sus gentes luchan por ser modelo europeo de turismo sostenible, por conservar sus calas vírgenes, su fauna y flora, sus paisajes de montaña, sus milenarias tradiciones, su especial forma de vida.
El archipiélago está formado por cuatro islas principales, de mayor a menor Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, además de una dispersa constelación de islas menores e islotes hasta un número de 200 que flotan sobre el Mediterráneo a unos 250 km. de la costa de la Comunidad Valenciana.
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